Capítulo 2: La Reina

De emperifollarme, a mí siempre me gusta dejar mi casa emperifollada, sintiéndome bien, a gusto, conmigo mismo y con el resto, en especial con aquellos que sé que voy a ver durante el día. A los que voy a ver al otro día o en la semana, prefiero esperar, porque la verdad es que aún no logro coordinarme con el horario del lavado de ropa y la organización de mi closet, pero siempre hay un shampoo y un perfume presente, que me acompañan diariamente. Según yo me hago notar, porque huelo rico y me siento bien conmigo mismo, pero todavía no he recibido ningún piropo que me haga reflexionar sobre las decisiones de belleza que he tomado hasta el momento.

De estar bien emperifollado, siempre hay un pantalón de buzo o un jeans doblado por ahí, que me está esperando al salir de la ducha y no falta la polera recién doblada, que junto con un buen bóxer y unos calcetines bien ajustados para ser usados en un buen par de zapatillas entierradas, me preparen para emparrillarme de tal forma, que los caminos de tierra de Tongoy -el lugar donde vivo- se transformen en una verdadera pasarela. Pero una pasarela como la de ECOMODA, con la Betty trabajando en la oficina, haciendo su trabajo y don Armando planificando ese malvado plan maquiavélico que se propuso de conquistarla y seducirla para que ella, de la forma más tierna y servicial posible, lo siguiera ayudando a mantener su empresa a flote y que no se fuera a la quiebra.-creo que esa parte de la historia así era. 

Bueno, y por eso, yo considero el largo y ancho de las calles tongoyinas, todas llenas de tierra y piedra: ¿Qué mejor pasarela para modelar mi nueva vida? Sin embargo, uno nunca anda solo porque la mamita grande siempre se hace presente y por eso, yo cada vez que salgo y cierro la puerta de mi casa, agradezco a las ballenas, los peces y los crustáceos, todos y habidos por haber, que haya una reina presente en esta tierra porque así uno camina seguro y tranquilo por las pasarelas tongoyinas. Ya que nunca falta la plebeya frustrada y envidiosa, que a uno le quiere hacer daño y es ahí cuando la reina marca presencia.-por eso yo siempre agradezco. Y eso lo alcanzo a hacer cuando cierro la puerta del portón de madera de mi casa emperifollada, que está pintado café oscuro, bien bonito y bien mantenido y no necesita ser emperifollado, y sencillamente agradezco. Agradezco al mar, a las montañas, a los peces y las ballenas y a todos los crustáceos habidos y por haber, porque el día que me espera de la puerta del portón hacia afuera va a ser un buen día y agradezco a Diosito por habernos hechos merecedores de una Reina corta cabeza, que siempre se hará cargo de la plebeya mala de adentro y mal intencionada que le quiera hacer daño a uno.




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