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Capítulo 10: entre dos cangrejos y una ballena (Parte II)

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                 Cual oleaje de olas habían estado por mí esperando… ¡Ni que me lo hubiera preparado todo mi abuela! Porque nunca había visto cual espectáculo tan lindo, y ¡de bienvenida más encima! Es que era una sinfonía al unísono de trompetas sonando, marcando cual compás de puros cangrejitos desfilando con paso bien rapidito y una ballena a lo lejos charcos de agua al aire tirando. ¡Es que no podía creer que estaba viendo cual espectáculo chileno! Si hasta a los peces los pude ver brincando y chapoteando de pura emoción por estar entre ellos jugando y saltando a lo lejos. Y ahí estaba sentado yo, simplemente contemplando, cual cuadro numérico cargado de olor a mar y puros crustáceos todos habidos y por haber bailando y yo por dentro no más que gritando y exclamando. Si de pura emoción ya estaba esperando que tocaran el himno patrio y yo por dentro buscaba un   poema chileno para recitar y sumarme a cual magno evento. Y después ...

Capítulo 10: entre dos cangrejos y una ballena (Parte I)

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          Sentado en la arena contemplando la playa grande, fue cuando presencié el primer avistamiento de una ballena. En eso yo ya estaba acordándome de la Betty, pues mi abuela la quería mucho y siempre hablábamos harto de ella. Mi abuela la adoraba porque decía que la Betty no era como las niñas de hoy en día, que se la pasan de fiesta en fiesta y vuelven a las tantas de la mañana a sus casas y más encima no saben cocinar y con suerte saben poner la mesa. Por eso que mi abuela admiraba tanto a don Hermes porque ella decía que eso era gracias a la crianza de un hombre pulcro y de valores intachables como los que él tenía. Él siempre estaba preocupado que la Betty llegara a casa después de su trabajo; que no llegara tarde si salía con el cuartel de las feas y que su pieza estuviera ordenada y limpia porque así es como tienen las piezas las niñas buenas, que son bien criadas y que son de casa. Don Hermes se preocupó de que la Betty estudiara y sacara su tí...

Capítulo 9: Mi Abuela

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          Era temprano en la mañana. Creo que llegué a eso de las diez a Tongoy. Algunos almacenes aún estaban cerrados y había mucho silencio y corría una pequeña brisa primaveral. No tan helada como a lo que estaba acostumbrado a esa hora de la mañana, pero fue la bienvenida más bonita que Diosito me pudo mandar porque había llegado al mar que vio a mi abuela amar. Era septiembre y ya habían pasado las fiestas patrias. Así que yo traía el recuerdo conmigo de haber comido una rica carne, los choripanes que tanto me gusta comer para las fiestas y el haber podido escuchar una última historia contada por mi abuela. Y es que mi abuela siempre contaba una historia o nos compartía un recuerdo cuando nos juntábamos en patota todos juntos, incluyendo a mis hermanos, mis primos y mi tío; pero era en esos tiempos antes de que me dieran cuan mansa paliza. Y nos reuníamos en una mesa grande donde mi abuela era la anfitriona y nosotros sus comensales felices de co...

Capítulo 8: La Partida

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Al bajar del taxi, me bajé en la placita del centro, frente al Tambo, pero al otro lado de la calle, por donde queda la ex hostería Gálvez. Le dije al chofer que sólo venía a Tongoy y que prefería bajarme en el centro para poder comprar algunas cosas y ver donde me podía quedar para dormir. Nunca había visitado Tongoy y la única cosa clara que tenía en mi cabeza en ese momento es que quería ver el mar y decirle a mi abuela mirando las olas, que tenía razón en todo lo que me decía cuando me retaba y que la había escuchado cuando me dijo que su sueño era volver acá y bañarse desnuda en el mar como lo hizo en antaño al amar. Y es que ella siempre decía que el amor lo conoció acá, en las olas de la playa grande y la playa socos y en uno que otro roquerío donde se ven a veces algunos botes con un chango a la deriva.  Había viajado de noche así que cuando llegué al terminal tuve que hacer la hora bien temprano en la mañana. Ya había decidido que me vendría en taxi y no en micro, pues yo ...

Capítulo 7: El Lucho

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          Prefiero no decir aún la razón por la que me vine y creo que tampoco quiero decir de qué parte del sur soy, pero sí puedo decir que me vine con dos maletas desde un terminal de Santiago, bien entonado y bien esperanzado, de que el mar de la cuarta región me iba a dar el agua que necesitaba para pintar mi vida de colores con acuarela y tempera.           No era mucha la ropa que traía conmigo, pues en una maleta tenía la ropa que había alcanzado a echar en un apuro precipitado bien sollozo y la otra la había cargado con todas las pinturas que llevaba cuando me iba a recorrer los prados del sur: esos que pintaba con un poquitito de verde claro y verde oscuro y unos toquecitos de amarillo para difuminar y una que otra pisquita de café para armonizar. Y es que todavía los pinto así cuando voy a la playa grande y me siento a mirar el mar.-me quedan bien bonitos, por si acaso. Mis pinceles los guardo en una maletita de ma...

Capítulo 6: La Cocina

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        (…) De revolverla, a mí siempre me ha gustado revolver las lentejas, los garbanzos, los porotos y las sopas en sobre que guardo en mi despensa y el chocolate caliente que me hago en las tardes nubladas. Porque de revolverla la revuelvo solo y emperifollado, con el mismo estilo que tiene la Betty, pero en mi propia cocina. De las cucharas guardadas en mi despensa, yo elijo una cuchara de palo grande que compré acá en la feria al poco tiempo de haber llegado a Tongoy. Hasta ahora tengo como tres de diferente tamaño y la que más ocupo es una cuchara grande y larga que puede revolver una olla así de grande en un santiamén.-Estoy hablando de la misma olla en la que me hago las lentejas, por si acaso. Yo como una vez a la semana lentejas porque son nutritivas y me gustan mucho. De un tiempo a esta parte se han convertido en mi plato favorito, que degusto siempre sentado en mi mesa, con la porción que me entrega siempre el cucharón grande que tengo colgado...