Capítulo 5: Cuchara de Palo

        Después de haber hecho remojar las lentejas, la olla se pone al fuego a calentar a término medio. Yo por lo menos así lo hago. Mientras se cuecen, empiezo a elegir los ingredientes que la acompañarán y preparo mi tablita de madera para comenzar a cortar y mi cuchara de palo grande para empezar a revolver de vez en cuando. No son tantas cosas las que le hecho, pues siempre elijo una que otra verdura cortada en mi tablita de madera y sólo me dedico a esperar el tiempo correcto para echarlas dentro de la olla. Me gusta ver la cantidad adecuada pues me quiero a mí mismo y no da lo mismo eso de llegar y echar cualquier cosa, pero dentro de todo puedo decir que me quedan ricas. No me quedan a lo cuchara de palo, pues el resultado es más vegetariano, pero me quedan sabrosas y puedo decir que en las primeras cucharadas yo siempre agradezco: agradezco tener cerca una feria, un galón de gas para poder prender la cocina  y hervirlas, el ímpetu de querer que queden ricas porque me quiero a mí mismo y por alguna razón -ahora que reflexiono en esto- creo que también agradezco tener una cuchara de palo, que me facilita el número de vueltas que le doy mientras se hacen al fuego y pensar en la diferencia en el que te queden a cuchara de palo y así sencillitas no más. Aunque yo igual diría que quedan algo así como a cuchara de palo al enfriarse, pues cuando las vuelvo a recalentar, les tengo que poner un poco de agua porque sí quedan medias duras cuando se secan; pero alguien que sepa más de cocina podrá decir cuál es la diferencia. De momento a mí me gusta agradecer en silencio y comer lentejas para reconciliarme con la patria cuando ando medio aproblemado y tener cerca una que otra flor para ver algo lindo mientras me hago merecedor de mi propia degustación.

        (…) Entre todos los vegetales que elijo para echarle, yo siempre elijo el zapallo y me gusta hacer un sofrito de verduras con cebollín, zanahoria, ajo, carne molida (a veces), pimentón rojo (¡siempre!) y perejil, el cual tiendo a confundir a veces de nombre, pero tiene un aroma fragante que lo hace reconocible si tuerces de una sola muñequeada un gajito de hojas. Es sólo cuestión de ponerse cerca de las hojas y sentir el olorcito que sale de él para reconocerlo y volver a comprarlo cuando vas a la feria. El sofrito siempre lo hago cuando las lentejas se están cociendo y espero que salga esa espumita blanca que se tiende a agrandar y bajar cuando se abre la olla. Yo diría que en tiempo toma alrededor de 20 minutos.-la primera parte de cocción sí porque no van a estar listas en 20 minutos, si toma más tiempo hacerlas. Luego les hecho un poco de arroz, que porciono con el puñado de una mano y después de eso vierto el sofrito que hice en el sartén. Con eso, yo sólo revuelvo de vez en cuando con mi cuchara de palo y dejo de hacerlo cuando veo que ya están bien hechitas. Es que la olla se ve más bonita cuando están listas, así que así es más fácil de saber.

        La sal se la echo más o menos al final y trato de usar sólo una cucharadita al ras. Después revuelvo un poco con la cuchara de palo y cuando se ven bonitas, apago el fuego y espero un poco que se enfríen porque no saco nada con servirlas al tiro si uno no puede comerse algo tan caliente. Pero no es tanto lo que espero, porque en eso aprovecho de lavar, ordenar las cosas y estar listo para después empezar a degustar. En cuanto a la sal, a mí me gusta usar la sal de mar.- te cunde más que la sal tradicional a la hora de cocinar. Y después cuando me sirvo mi porción ya no uso la cuchara de palo, sino que uso un cucharón grande, que me recuerda que a la hora de hacer elecciones y tomar decisiones, a veces uno tiene que saber con qué cucharón te vas a servir un buen plato de lentejas y con cuál te vas a sentar a comer en la mesa.




Comentarios

Entradas más populares de este blog

Capítulo 1: Tongoy

Capítulo 2: La Reina