Capítulo 6: La Cocina
(…)
De revolverla, a mí siempre me ha gustado revolver las lentejas, los garbanzos,
los porotos y las sopas en sobre que guardo en mi despensa y el chocolate
caliente que me hago en las tardes nubladas. Porque de revolverla la revuelvo
solo y emperifollado, con el mismo estilo que tiene la Betty, pero en mi propia
cocina. De las cucharas guardadas en mi despensa, yo elijo una cuchara de palo
grande que compré acá en la feria al poco tiempo de haber llegado a Tongoy. Hasta
ahora tengo como tres de diferente tamaño y la que más ocupo es una cuchara
grande y larga que puede revolver una olla así de grande en un santiamén.-Estoy
hablando de la misma olla en la que me hago las lentejas, por si acaso. Yo como
una vez a la semana lentejas porque son nutritivas y me gustan mucho. De un
tiempo a esta parte se han convertido en mi plato favorito, que degusto siempre
sentado en mi mesa, con la porción que me entrega siempre el cucharón grande
que tengo colgado en un pedacito de pared así de chiquitito en mi cocina.
Cuando me canso de revolver, me fumo unos cuantos cigarros en mi mesa y pienso en las flores que he visto durante el día, los peces que vi saltar cuando caminé cerca del mar y qué voy a hacer para seguir esta vida que me propuse a hacer acá en Tongoy. Soy del sur y me llamo Lucho. ¡Me llamo Luis! pero me dicen Lucho y me gusta mucho que me llamen así. De niño que me dicen Lucho y me acomoda más que me llamen Luis. Me gusta Lucho porque va más con las lentejas, la acuarela y las temperas y la cuchara de palo con la que me gusta revolver mis comidas cuando las hago dentro de mi cocina.
Llegué a Tongoy hace ya unos meses -un año diría yo- y con dos maletas grandes, mano a mano. Mi llegada a Tongoy desde Coquimbo fue muy emperifollada, digna de un evento masivo de ECOMODA. Me refiero a esos eventos que se hacían cuando se iba a lanzar una nueva colección; porque ya se habían hecho los ensayos. Don Hugo y la Sra. Inesita ya habían hecho todos los preparativos, estaba todo montado y la Betty y don Armando ya tenían todo organizado. Don Daniel ya había hecho acto de presencia, como era de costumbre, de forma mensual y las juntas ejecutivas ya habían tomado lugar en la sala de reuniones. La Paty seguía por ahí, con sus piernas largas, cawuinenado y revolviéndola con sus piernas largas vestidas con medias negras y está demás decir, que la colección ya estaba lista y aprobada por el comité de ECOMODA y el cuartel de las feas. En esta parte de la historia todavía todo va bien, pero a lo lejos no se vislumbra un bote sino que se vislumbra una crisis. Porque la Betty ya se está luciendo haciendo su trabajo y brillando por la responsabilidad que demostró siempre en sus estudios bajo el patriarcado de don Hermes. Porque si don Hermes no hubiera sido un hombre autoritario y un buen padre de familia, la Betty habría empezado a ir a fiestas y capaz que también hubiese dejado de estudiar y quizás tampoco hubiese podido sacar un título universitario. Y de no haber sacado un título universitario, jamás habría podido encontrar trabajo en ECOMODA y tampoco hubiese conocido nunca a don Armando, pero el amor entre ellos ya era tan fuerte que estaban destinados a conocerse. Y si uno es bueno, Diosito a uno lo premia. Por eso la Betty encontró trabajo en ECOMODA y pudo conocer a don Armando, que era el amor de su vida. Y eso se lo debe a don Hermes porque él era un hombre respetable y responsable con su familia. Y es que hombres tan pulcros como él no son fáciles de encontrar.-por lo menos, a mí siempre me decía eso mi abuela. Pero a Dios gracias la Betty siguió el camino correcto y fue responsable y niña buena; como buena niña de casa; como tiene que ser.
Y si la Betty no hubiera tomado la micro ese día y no se hubiera emperifollado con su estilo ochentero de camisa y chalequito con falda larga, no hubiera sido seleccionada para trabajar como secretaria de presidencia. ¡Y no cualquiera puede lograr tener un logro como ese! Porque como me decía mi abuela, uno se tiene que arreglar y ver lindo cuando sale de casa; ¡uno se debe emperifollar! Porque si tu casa está linda y bien amononada, uno tiene que salir igual de lindo de la casa, es decir, bien emperifollado. Por eso, cuando me bajé del taxi que tomé en el terminal de Coquimbo, primó en mí la prisa de llegar a Tongoy de la forma más emperifollada posible. Y por eso tomé un colectivo y no la micro. Porque de llegar tenía que hacerlo de forma emperifollada, pues tenía claro que las calles de tierra de Tongoy serían la pasarela que vestiría de gala la aventura que me venía vivir y a las personas que conocería acá. No había un don Armando considerado en mis sueños, pero sí había una cuchara de palo esperando por mí en la feria para ayudarme a revolver la esperanza que tenía de conocer a un don Daniel. Y yo no quería ser la Betty de la teleserie de mi vida; quería ser yo, el Lucho de mi propio cuento de hadas.
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