Capítulo 10: entre dos cangrejos y una ballena (Parte II)

             Cual oleaje de olas habían estado por mí esperando… ¡Ni que me lo hubiera preparado todo mi abuela! Porque nunca había visto cual espectáculo tan lindo, y ¡de bienvenida más encima! Es que era una sinfonía al unísono de trompetas sonando, marcando cual compás de puros cangrejitos desfilando con paso bien rapidito y una ballena a lo lejos charcos de agua al aire tirando. ¡Es que no podía creer que estaba viendo cual espectáculo chileno! Si hasta a los peces los pude ver brincando y chapoteando de pura emoción por estar entre ellos jugando y saltando a lo lejos. Y ahí estaba sentado yo, simplemente contemplando, cual cuadro numérico cargado de olor a mar y puros crustáceos todos habidos y por haber bailando y yo por dentro no más que gritando y exclamando. Si de pura emoción ya estaba esperando que tocaran el himno patrio y yo por dentro buscaba un  poema chileno para recitar y sumarme a cual magno evento. Y después qué vergüenza me dio porque yo no estaba vestido para la ocasión. Traje de gala yo no alcancé a la maleta echar, si en ese apuro precipitado y bien sollozo con cuan hipo cargado yo eché cuales pilchas alcancé a agarrar no más. Es que cuadro tan lindo y tan bien coordinado de música y baile presentado por cuales crustáceos todos habidos y por haber brillando en un mar bien azulado y con cuantas olas bien oleadas; si estoy seguro que fue mi abuela la que con pincel y con un brazo extendido y bien amoroso lo pintó todo. Y cuan manso reto don Hermes me hubiera dado si yo no estaba vestido a la altura para la ocasión. ¡Qué desubicado yo! Un traje de gala, una corbata, un par de zapatos bien lustrados y una camisa blanca y bien planchada eran lo único que ya a gritos pedía que alguien me trajera.

       Si tan sólo mi abuela me hubiera advertido que mi bienvenida a Tongoy iba a ser así de emperifollada, hubiese venido más que emperifollado para la ocasión. ¡Y es que de colores pintó todo! Yo creo que me tomó las temperas del maletín un día que no me di cuenta porque de otra forma no me podría haber pintado cuan paisaje tan bello de borde costero. ¡Y usó todos los pinceles! porque le dio al mar cual oleaje y sí que lo hizo bien muñequeado como si un adiós desde lo alto me hubiese estado dando. Y yo ahí frente al mar sentado, con cual brisa marina oleándome ya por todos lados y un torrente de lágrimas saltándome a las manos por cuan bello paisaje mis ojos estaban contemplando. Y los pincelazos que al cielo le dio los hizo con la misma ternura y cariño con la que me servía el té cuando nos sentábamos juntos a tomar onces y ver la novela y después el noticiero. Es que no recuerdo haber visto un celeste tan bien coloreado y con una tonalidad de matices tan precisa que es el más lindo que había visto en toda mi vida. ¡Que si de bajar la mirada hasta las olas las podía ver! Y con eso usó un pincel grande porque difuminó cuánto azul se le pasó por delante y oleó cuanta ola de emoción con blanco como si hubiese sido ese el color su corazón vio cuando conoció el amor. Y con café, amarillo y verde terminó de bordear cual borde costero; y eso lo hizo con un pincel fino porque detalles marcó cuanta conversación y besos frente a las olas dio. Y de marcar las nubes, más blanco usó y para no recargar tanto el negro, prefirió mezclar azul y café y le dio forma a cuanto algodón de ensueño cubrieran en círculo el cielo. Y le dio forma a los cerros y delineó cuidadosamente los caminos cubiertos de tierra y arena, que marcó con más café y negro. Y ahí yo creo que tiene que haber usado la espátula porque cual trazo tan marcado, se notaba que fue hecho con brazo extendido y un muñequeo largo y bien rápido.

Es que cuando a mi abuela se le metía algo en la cabeza,  nadie se lo sacaba y lo que se proponía lo hacía. ¡Ay, que señora más pilla, Dios mío Santo! Si lo tiene que haber preparado todo en secreto. Sabía que yo iba a llegar a Tongoy y sabía que me iba a venir de forma emperifollada y sabía, que tarde o temprano, yo iba a decidir visitar el mar que la había visto amar y sabía que era el agua con sal y la espuma blanca de la playa grande y la playa socos, las que me harían caminar y cantar ‘Desesperada’ pensando en don Daniel primero y después en ese maleante de la mar que me agarró el poto en la playita de los baños. Y estoy seguro, que sabía que acá me iba encontrar con cual delincuente de la mar. ¡Porque eso fue lo que hizo ese grosero, hediondo a pescado! Que después me agarró en sus brazos cual criminal porque lo único que quería era escucharme implorar que me dejara de besar. 

Porque mi abuela simplemente lo sabía todo. Era una mujer sabia y tenía respuesta para todo. Ella siempre sabía todo. Siempre sabía lo que me pasaba de sólo mirarme. Y así como don Hermes se preocupaba de que la Betty siempre llegara a la casa después de su trabajo, mi abuela también hacía lo mismo. Porque mi abuela prefería que yo siguiera una sola regla y que era de su casa. Y esa regla era que yo fuere a donde fuere, tenía que volver por la misma puerta por la que había salido. Y esa, era la puerta de entrada a su casa, que encontraba el living y que estaba siempre amononado. ¡Limpio y bien barrido y los muebles relucientes de brillo! Porque lo más importante para mi abuela era que yo caminara de frente por la vida, ordenado, limpio y olorcito; como niño de casa. Criado por ella, bajo sus reglas y las de su casa. Y yo como niño de casa, las respetaba. Porque yo nunca la desobedecía. Y por eso yo podía entrar por la puerta principal de su casa con la frente en alto y orgulloso de mí mismo, porque gracias a ella yo sé de dónde vengo y sé quién soy. ¡Porque yo no ando aparentado lo que no soy y soy feliz así como soy!

Mi nombre es Luis, pero a mí me gusta que me digan Lucho. Fue mi abuela la primera que me dijo así. Me empezó a llamar así cuando me fui a vivir con ella. Y es que me fui a vivir con ella cuando era tan sólo un niño. De caminar lejos y dar la media vuelta, tenía que llamarme por Lucho. Para mí el nombre Luis viene de la casa donde viví primero; la casa donde vivía con mis hermanos, mis primos y mi tío.




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